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Tu casa y Tú

Cromoterapia para la felicidad

En un post anterior te explicábamos cómo los colores pueden influir en el estado de ánimo de las personas y cómo su uso en decoración puede ser clave para convertir nuestras casas en hogares más felices. Hoy continuamos con la segunda entrega, analizando las emociones que están vinculadas al blanco, el violeta, el rosa, el gris y el negro. ¿Te animas a descubrirlos?

Trabaja mejor con el violeta

Es el color de la religiosidad y el misticismo, por eso abunda en los espacios dedicados a la meditación o la práctica del yoga. Tiene mucha relación con el equilibrio y la sabiduría, así que puede ser una gran opción para las habitaciones dedicadas el estudio o al trabajo. No obstante, hay que tener cuidado de no abusar de los tonos violetas porque provocan sentimientos de soledad.

La sencillez del blanco transmite pureza

Es un color asociado a la luz, la limpieza, la pureza y las causas positivas, por lo que es muy recomendable en cualquier estancia de la casa. Además, es capaz de transmitir sensación de amplitud y de agrandar los espacios, o sea que es especialmente útil en estancias pequeñas. Su neutralidad hace que sea un color muy sencillo de combinar con cualquier tono.

El rosa despeja tu mente

Normalmente se asocia al género femenino. Sus tonalidades más claras tienen efectos calmantes y relajantes. De hecho, no es baladí el dicho popular: “lo ves todo de color de rosa”, ya que hace referencia a la ingenuidad, bondad y ternura que se desprende. Además, ayuda a despejar la mente de pensamientos negativos, proporciona energía y suaviza el carácter.

Gris claro significa equilibrio

El gris es un color que transmite sensación de neutralidad y que cultiva el intelecto. En sus tonalidades más claras aporta seguridad y equilibrio, además de cultivar el intelecto. No obstante, en tonalidades más oscuras se vuelve un color frío e impersonal, por lo que debe utilizarse con cuidado en las estancias más concurridas de la casa.

El negro sinónimo de elegancia

Los tonos negros simbolizan la elegancia, pero también las sombras. Por eso, no conviene abusar de ellos en nuestro hogar, mucho menos en nuestras paredes, ya que pueden llegar a hacernos sentir ahogados en la oscuridad. Lo ideal es optar por complementos en este tono, que aportan modernidad y elegancia a cualquier estancia, y llaman la atención combinados con otros colores más llamativos, como el amarillo, el rojo o el naranja.

Cómo comprar una vivienda
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